martes, 28 de febrero de 2012

Jacques Becker - Édouard et Caroline (1951)


Édouard y Caroline están casados. Claude, el tío de Caroline, les invita a su casa. Allí encuentran a Alain, el snob hijo de Claude, que está enamorado de ella. Ambos desprecian a Edouard porque es pobre.
Con Jacques Becker sucede algo curioso: es muy probable que su nombre no apareciese en una hipotética lista de cineastas imprescindibles acompañando a los de Renoir, Bresson, Hitchcock, Ford, Dreyer o Rossellini, pero en torno a sus películas se produce el consenso: aquellos que las conocen no pueden dejar de admirarlas; sin poder evitarlo, uno regresa a ellas mucho más a menudo que a las canónicas obras maestras de la historia del cinematógrafo. Hay algo de sincera modestia, de infinito cariño depositado en cada una de sus imágenes y personajes que conducen a una irremediable filiación, más afectiva que intelectual en un primer momento, hacia sus películas. En un cine como el de hoy superpoblado de supuestos ³genios´ prestos a mostrarnos eso que algunos llaman ³su mundo personal´, echamos en falta cineastas como Becker, dispuestos a realizar un puñado de pequeños grandes films sobre este otro mundo —más bien colectivo— en el que vivimos.
Becker (Jacques, no Jean, por favor…) parece, por otra parte, la figura idónea para describir la transición acaecida en la década de los cincuenta entre una concepción ³clásica´ del cine y los primeros apuntes de la ³modernidad´ (especialmente para el caso francés y siempre con todas las comillas pertinentes en ambas acepciones) que eclosionaría definitivamente en la década siguiente, pero que se venía fraguando desde los años del neorrealismo —de hecho, su cronología así lo confirma: Becker comienza trabajando de asistente en el cine mudo y finaliza su carrera prematuramente con la llegada de la nueva década—. Defensor de la teoría del director-autor como responsable único de las motivaciones de un film aún antes de su formulación en las páginas de Cahiers, hijo bastardo de Renoir y Bresson, pero profundamente marcado también (como los jóvenes de la nouvelle vague) por el cine clásico americano, Jacques Becker da la impresión de ser uno de los primeros cineastas-cinéfilos, deseoso de pertenecer a la plantilla de cineastas de un gran estudio donde poder trabajar en films de encargo — en su filmografía encontraremos realismo social, películas policíacas, de
aventuras, comedias románticas, etc…— pero consciente de la imposibilidad real (y moral) de tal empresa. (...) (Angel Santos, Miradas de Cine)
“El tono de comedia amable pequeño burguesa, encuentra su extensión en Edouard et Caroline, donde la pareja formada por un pianista y una joven que se siente atraida por el envoltorio de la moda, observan cómo por culpa de sus trajes y vestidos, se complican sus intereses sociales y la relación con la familia de su tío. Lo que interesa a Becker no es el conflicto que va a generarse en la fiesta donde Edouard debe tocar el piano, sino la crisis de la pareja pequeño burguesa que, como en la película precedente, se encuentra alterada por la presencia de un personaje extraño, en este caso un primo que irrumpe en su vida alterando los parámetros habituales de la relación. A diferencia de Se escapó la suerte, Edouard et Caroline tiene el tono de comedia sofisticada en la que la realidad el entorno da paso a la abstracción de los interiores. La intriga se desarrolla en un mundo teatralizado y elegante, donde parecen ponerse en juego algunos postulados de la juventud de los años cincuenta y su irresistible atracción por lo efímero…” (Angel Quintana, Revista Dirigido Por nº 308)

FA 4559

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